
Durante años, “moto china” fue casi un insulto técnico. Plásticos débiles, motores impredecibles, postventa inexistente. No era un mito: era una etapa industrial. La MITT GT-K aparece justo cuando esa etapa empieza a quedar atrás. Y no lo hace con una naked básica ni con un scooter urbano. Lo hace con una gran turismo de media cilindrada completamente equipada y con ambición global.
This article is from an external publication.